Cuando casi olvidé quién era
Escribir la verdad, es algo que me motiva a seguir contando mis historias y a transmitirlas con claridad, me anima porque estoy segura de que a muchos les ha pasado algo parecido a lo mío.
Había perdido la motivación, el encanto, y lo cierto es que no me venía nada a la cabeza después de los años que pasé trabajando en un lugar donde no quería estar.
Todo empezó con mis ansias de cambiar de trabajo y tener mejores condiciones. Pensaba que aquello era lo mejor para mí y se me dio la oportunidad de ir a trabajar a este Hotel. Y sí, un Hotel al que llegué con toda la ilusión de ser recepcionista, de poner en práctica todo lo que había aprendido anteriormente. Las condiciones que me ofrecían eran buenas… hasta ese momento.
Llegó el día. Me llamaron, empecé a trabajar, conocí a mis compañeros. Incluso limpiamos la suciedad de un lugar nuevo en el que íbamos a comenzar desde cero. Nunca imaginé que aquello podría convertirse en una tortura psicológica.
Al principio empezamos con toda la motivación y el empeño que uno pone en un trabajo nuevo, pero pronto llegaron los desplantes, los gritos por parte de la jefa, los malos tratos. Te hablaban como si no supieras nada, como si fueras tonta.
“No se puede ser flojita”, me decía. Y como esas palabras, miles. No solo a mí, sino también a mis compañeros de recepción los cuales nos sentiamos todos igual. A día de hoy, no queda ninguno de los que empezaron allí.
Era como amanecer cada día para ir a trabajar sin ganas, sin fuerzas, completamente desmotivados.
No sé si has vivido algo así, pero el ataque a mi mente era fuerte. Yo me repetía: tengo que hacerlo bien. Para mí, tratar de usted, decir “señora” o “señor”, era una muestra de respeto. Yo te respeto porque eres mi jefe, pero sentir que era tu sirvienta resultaba horrible.
Todo el tiempo pensaba que tenía que hacerlo bien. Hasta que un día la jefa apareció diciendo que tenía que hablar conmigo. En esa conversación me dijo que no valía para ese trabajo y que creía que sería mejor cambiarme al área de camarera de piso. Nunca me esperé algo así. Creo que yo no le caí bien… bueno, en realidad, nadie le caía bien.
Me tragué las lágrimas. Después de haberlo dado todo y de tantos malos tratos, no me quedó otra que quedarme. En mi mente solo había una idea: tengo que trabajar. Tenía que ayudar con los gastos de mi casa. Guardé mi orgullo y acepté el cambio de puesto porque pensaba que no había nada más.
Hoy cuento esto un poco más animada, pero reconozco que esa voz que dice “no vales” todavía resuena en mi cabeza, aun sabiendo que para Dios soy su hija y valgo más de lo que yo misma imagino.
Hoy también reconozco que todo lo vivido fue culpa mía, pero sí que ese día debí haberme ido y no permitir que me humillaran así. Sin embargo, esa no era mi mentalidad en aquel momento. Llegué a creer que, en el fondo, sí era “flojita”, como me decía mi jefa, y que necesitaba el trabajo.
Es triste encontrar personas en el mundo que intentan destruirte, consciente o inconscientemente. Al principio no entendía por qué me había pasado esto. Y, siendo sincera, a día de hoy tampoco lo entiendo del todo. Pero no estamos en este mundo para entenderlo todo, sino para vivir.
Había días en los que llegaba a casa enojada. No estaba con mi niña y empecé a perderme mucho tiempo con ella porque el horario era distinto. Gracias a Dios contaba con mi mamá y mi esposo, pero yo no estaba presente.
Con el tiempo entendí que ese horario había sido lo mejor, porque en ese puesto tenía algunas coberturas. Pero ahí también empezó otro tormento. No soy perfecta, pero sigo sin entender por qué no les caí bien a mis compañeras( esto ya os lo he contado). Como se suele decir, uno no es moneda de oro para caerle bien a todo el mundo. Solo quedaba callar y seguir, porque no podía perder el trabajo. ¿Y a dónde iba a ir?
Qué mente la mía… claro que podemos cambiar, claro que podemos hacer otras cosas. No es fácil, es duro, pero no estás sola.
Siempre me repetía: yo no quiero esto, yo quiero un cambio. Pero otra vez esa vocecita: ¿a dónde vas a ir?, ¿qué vas a hacer?, tú no puedes. Ideas equivocadas de las que hoy me culpo menos y me digo:
Has sido valiente, princesa. Has llegado hasta aquí y has sido valiente.
Esas palabras solo vienen de Dios, porque en Él es donde podemos descansar y hallar reposo.
Luego sigo contando más, pero quédate con esto:
Eres valiente y no estás sola.
«El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes» Deuteronomio 31:8

Sí que vales, vales mucho, has sido comprada por la sangre del Salvador en una cruz. Eso es infinitamente mejor que caer bien, o ser aceptada o tener determinadas habilidades o destrezas para un trabajo. Satanás es astuto y quiere matar,robar y destruir al ser humano y susurra ideas para robarte tu gozo, tu propósito y poco a poco verte destruida… pero tienes un Dios que te ama y que le vales tanto que hasta murio por ti. Solo esfuérzate y se valiente no temas ni desmayes (en estos momentos conviene mucho no olvidar esto), pq Jehova tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas…Jos 1:9