Aprendiendo a confiar en el proceso
Hace ya algunos meses tomé una decisión que cambió mi vida. Sí, cambié. Decidí dejar mi trabajo —y digo trabajo porque no fue una decisión fácil—. Me costó mucho dar ese paso, pero reuní el valor necesario para cerrar una etapa que estaba empezando a hacerme daño.
Durante mucho tiempo viví atrapada entre el miedo, el estrés, las dudas, la incertidumbre y un ambiente que ya no me hacía bien. Y aunque esos sentimientos no desaparecen de un día para otro, creo que precisamente ahí es donde mi fe está creciendo: en medio del silencio, en esos momentos en los que parece que nada ocurre, pero donde siento que Dios está obrando.
Hay días en los que siento que estoy en un callejón sin salida, con más preguntas que respuestas y con un camino más incierto que nunca. Sin embargo, también puedo mirar atrás y decir gracias, porque he llegado hasta aquí.
Desde fuera puede parecer que ahora no estoy haciendo nada, pero la realidad es muy distinta. Estoy haciendo mucho: dedicar tiempo a mi hija, a mi familia y a mí misma ya es un gran trabajo. Un trabajo necesario.
Esta decisión también fue posible gracias al apoyo de mi esposo —mi mayor motivador— y de unos amigos muy queridos de nuestro pueblo, que nos ayudaron a mirar el futuro con otra perspectiva. Confiaron en nosotros cuando quizá nosotros mismos aún dudábamos, y hoy entiendo que tenían razón. Empezar este nuevo proyecto es un reto, pero también una oportunidad llena de ilusión.
Quería compartir contigo algo importante:
Durante estos meses he estado formándome y hoy puedo decir que estoy dando un giro profesional.
He decidido dedicarme como Community Manager, ayudando a pequeños negocios a organizar, comunicar y transmitir su esencia con claridad en el mundo digital.
Empiezo esta etapa con respeto, aprendizaje constante y mucha ilusión.
Gracias por acompañarme, por leerme y por formar parte, de una manera u otra, de este camino.
Un abrazo.

Los cambios siempre son difíciles de afrontar, porque nos acostumbramos a la automatización de una rutina y luego cuando algo interrumpe viene la incertidumbre y el miedo, pero no hay nada más transformador que sobreponerse a las adversidades y dejarse guiar por el camino que ya Dios nos tiene trazado, es de admirar con el optimismo y actitud con el que has iniciado esta nueva etapa,que aunque no ha sido fácil, sé que será provechosa, mucho ánimo y perseverancia. Dios te bendiga siempre.