Montaña Rusa
La vida está llena de altos y bajos, y así ha sido la mía: una auténtica montaña rusa de emociones que cambian constantemente. Aun así, puedo decir que agradezco a Dios haber llegado hasta aquí. Él me ha sostenido en cada etapa.
No sé qué tendrá preparado para mí, pero sí sé que Él es mi Dios y en Él descanso. Aunque, siendo sincera, muchas veces quiero tomar las riendas por mí misma, no me gusta esperar y me impaciento… pero eso, humanamente, es normal.
Hace tiempo escribí sobre el hecho de que no siempre recibimos lo que pedimos, y es verdad. Muchas veces no sucede porque no pedimos bien, o porque no sabemos esperar y queremos hacerlo todo a nuestra manera. Yo pensaba que estaba bien, y sigo diciendo que estoy agradecida a Dios por todo lo que me ha pasado. Sin embargo, también creo que no llegué al mejor equipo de trabajo, y ahí fue donde mis emociones empezaron a cambiar aún más.
Cuando en el trabajo me dijeron “no vales para esto”, esas palabras se quedaron grabadas en mi mente. Me afectaron emocionalmente hasta hacerme creer que no servía para nada más. Fui trasladada a otra área y, aunque había cosas que en teoría me beneficiaban, tampoco llegué al mejor entorno. Fue como caer en un abismo sin salida.
Allí estaban esas compañeras a las que les caes mal sin saber por qué. Quienes me conocen saben que soy una persona a la que le gusta hablar, relacionarse y hacer amigos, pero parecía que ese no era mi lugar. Me sentía como en un avispero, donde no era bienvenida. Y ahí empezó, otra vez, mi lucha por encajar, por formar parte… recibiendo justo lo contrario.
No sé si alguna vez te ha pasado algo así en un ambiente laboral, pero yo me preguntaba constantemente: “Señor, ¿por qué no me quieren? ¿Qué he hecho?” Era una sensación horrible. Hasta que entendí que, a veces, mientras menos hables, mejor; que no somos moneda de oro para caerle bien a todo el mundo. Aun así, todo eso fue generando en mí ansiedad, porque para mí el silencio no era natural. Pensaba una y otra vez: “No quiero estar aquí. Quiero algo más. Quiero algo que me permita conciliar, vivir, respirar.”
Fue un desgaste de casi tres años, sin ver buenos resultados. Aun así, quiero contar más, entrar en los detalles y quizá crear un poco de ficción en mis historias, porque también eso mola. Tal vez muchos han vivido esa misma montaña de emociones: hoy estás bien, mañana estás mal. Así eran mis días. Qué sensación tan horrible.
Durante mucho tiempo solo culpaba a Dios: “¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué me trajiste a un lugar donde no soy bien recibida?” Ese “por qué” era lo único que quería entender. Con el tiempo, fueron apareciendo muchas respuestas y detalles que me han traído hasta este punto.
Por eso quiero que sigas leyendo. Y, sobre todo, que nunca olvides que lo único verdaderamente firme en esta vida es tener a Jesús. Porque en Él encontramos fuerzas para cada día y consuelo para cada lágrima……
